impermeabilizacion
Tu azotea no se inunda por la lluvia
Tu cubierta plana no se inunda por la lluvia. Se inunda porque el desagüe se atasca y no hay salida de emergencia. Diez centímetros de agua en cien metros cuadrados de azotea son diez toneladas extra sobre el forjado, una carga para la que la estructura no está calculada. El rebosadero es la solución — y se instala en cinco minutos antes de hormigonar el peto.

Qué está pasando
Una cubierta plana tiene un único punto de evacuación: la cazoleta o sumidero principal. Cuando esa cazoleta se atasca — hojas, suciedad, sedimentos — el agua deja de tener salida. En una azotea de 100 m², diez centímetros de agua acumulada son 10.000 litros y 10 toneladas de carga extra sobre el forjado. Los forjados no están calculados para esas sobrecargas accidentales.
Si además el forjado cede ligeramente por esa sobrecarga, el agua se desplaza hacia el punto más bajo y se concentra — agravando el efecto. Sin una salida de emergencia, el agua no tiene por dónde irse hasta que desborda el peto o empieza a filtrar por microfisuras de la lámina impermeabilizante hacia el interior.
El rebosadero (también llamado sumidero de emergencia o desagüe de seguridad) es exactamente eso: un agujero permanente en el murete del peto, a unos 5 cm sobre el plano de la cubierta, que actúa solo cuando el desagüe principal falla. Es el Plan B que ninguna cubierta plana debería no tener.
Por qué se olvida en obra
El rebosadero es uno de los elementos más sencillos de instalar en obra nueva — y uno de los que más se omiten. El motivo es simple: tiene que colocarse antes de hormigonar el peto, en el momento en que se arma el encofrado.
El procedimiento es el siguiente: se coloca un tubo de PVC pasante horizontalmente a través del armado, en la posición exacta donde quedará el agujero. Cuando se vierte el hormigón, el tubo queda embebido. Al retirar el encofrado, el tubo deja un hueco permanente a través del peto: eso es el rebosadero.
Si se olvida en ese momento, añadirlo a posteriori requiere abrir el peto ya hormigonado, colocar el tubo y sellar la apertura — un trabajo de 300 a 800 € que hubiera costado cinco minutos en obra. Si además el peto ya tiene el revestimiento exterior, el coste sube.
El CTE DB-HS5 lo exige en todas las cubiertas planas. Pero en muchas obras se ejecuta el peto sin él.
Cómo se diseña y ejecuta
Un rebosadero bien ejecutado tiene estas características:
- Posición: a unos 5 cm sobre el plano acabado de la cubierta. A esa altura entra en carga cuando el desagüe principal está completamente bloqueado y el agua lleva un rato acumulándose.
- Diámetro: típicamente 90 a 110 mm. Suficiente para evacuar un caudal de emergencia sin provocar remanso excesivo.
- Material: tubo de PVC o similar, resistente al agua y a los rayos UV. El extremo exterior puede llevar rejilla para evitar que entre suciedad del exterior.
- Ubicación en planta: preferiblemente en la esquina opuesta a la cazoleta principal, para que actúe cuando el agua ya ha llenado la cubierta.
- Pendiente: el tubo va ligeramente inclinado hacia el exterior para facilitar la evacuación y que no quede agua retenida dentro del propio tubo.
En cubiertas con peto de bloques de termoarcilla o fábrica, el pasatubos se coloca en la junta entre piezas antes de hormigonar la zunchos o de verter el mortero de agarre. En petos de hormigón armado in situ, el tubo se sujeta al armado antes del encofrado.
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Mantenimiento: la otra mitad del problema
El rebosadero evita el desastre cuando la cazoleta se atasca — pero no sustituye al mantenimiento. Una cubierta plana debe revisarse al menos dos veces al año:
- Antes del otoño: limpiar la cazoleta y sus alrededores antes de que empiecen a caer hojas.
- A final de invierno: revisar tras las lluvias más intensas, comprobar que no hay sedimentos acumulados y que la rejilla de la cazoleta está entera.
- Revisar también el rebosadero: que el agujero esté libre y sin obstrucción por suciedad exterior o interior.
Una cazoleta con rejilla protectora en buen estado reduce drásticamente la frecuencia de atasco. Sin rejilla, o con rejilla rota, la cazoleta puede taparse en una sola tormenta con hojas.
El coste de una revisión semestral de cubierta (limpieza de cazoleta y revisión visual de la lámina) es de 60-150 €. El coste de reparar un forjado dañado por sobrecarga hídrica está entre 5.000 y 30.000 €, dependiendo de la extensión del daño.
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