fachada
Acero + aluminio = reacción que destruye tu fachada
Cuando el aluminio y el acero se tocan directamente en una fachada, se genera una reacción eléctrica que corroe el aluminio desde dentro. En zonas de costa el proceso se acelera por la sal.

Qué está pasando
Cuando dos metales diferentes se tocan en presencia de humedad, se forma una pila eléctrica. Uno actúa como ánodo y se corroe. El otro actúa como cátodo y se queda intacto. Es el mismo principio de una pila AA: química básica.
En una fachada de aluminio sujeta con anclajes de acero, el aluminio es el que pierde. Se corroe desde el punto de contacto, se hincha, aparecen manchas blancas de óxido de aluminio, y con el tiempo el metal se degrada hasta que el anclaje se suelta. Puede caer a la calle.
Por qué pasa
El fenómeno se llama par galvánico y está perfectamente documentado en todos los manuales de construcción desde hace más de un siglo. La solución es tan barata como conocida: aislar el contacto entre los dos metales con un separador de neopreno, goma o plástico.
El problema es que en muchas fachadas de aluminio, los anclajes de acero se colocan directamente contra el aluminio. En zonas de interior el proceso es lento y puede pasar años sin causar daño. Pero en zonas de costa, donde la humedad es alta y hay sal en el aire (electrolito perfecto), la corrosión se dispara y en 3-5 años el daño es visible.
Cómo detectarlo en tu edificio
Si vives en un edificio con fachada de aluminio, especialmente cerca del mar, busca estas señales:
- Manchas blanquecinas (óxido de aluminio) alrededor de los anclajes o fijaciones
- Ampollas o hinchazones en el metal en zonas puntuales
- Puntos de oxidación que "lloran" hacia abajo cuando llueve
- Paneles que suenan a hueco al golpearlos (han perdido agarre)
Si ves cualquier patrón localizado en los puntos donde el aluminio está sujeto por otra pieza, es casi seguro par galvánico.
Mira el defecto en 30 segundos
Cómo se soluciona
Si el daño es incipiente, se puede intervenir sustituyendo los anclajes afectados y añadiendo separadores de neopreno. Es una intervención puntual.
Si el daño es generalizado, puede requerir sustituir la fachada completa. Es caro pero es una reparación obligada por seguridad: un panel que cae desde un edificio puede matar a alguien en la calle.
Si el edificio es relativamente reciente (menos de 10 años), esto es un defecto de construcción reclamable al constructor. La normativa obliga a aislar el contacto entre metales en todo el sector.
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