humedades
Tu pared se pudre por dentro
Esa mancha de humedad en la pared no siempre entra desde fuera. Muchas veces es condensación intersticial: el vapor del aire interior atraviesa el muro, llega a la zona fría y se convierte en agua dentro de la pared. Empapa el aislamiento, lo inutiliza, y genera moho oculto que solo asoma cuando el daño ya está hecho.
Qué está pasando
Cuando cocinas, te duchas o simplemente respiras, el aire de tu casa acumula vapor de agua. Ese vapor busca la zona más fría — el exterior en invierno — y para llegar ahí atraviesa la pared. No la bordea: la atraviesa, molécula a molécula, a través de los poros del material.
En algún punto dentro del muro, ese vapor alcanza una temperatura suficientemente baja — el punto de rocío — y se convierte en agua líquida. No en la superficie, donde lo verías. Dentro. En el interior del aislamiento, en el corazón del cerramiento. Eso es la condensación intersticial.
El agua acumulada hace que el aislamiento pierda toda su capacidad térmica — un aislante mojado aísla igual que una esponja empapada —, y que el muro se quede más frío, lo que condensa todavía más vapor en el siguiente ciclo. El moho aparece después, primero oculto dentro, luego asomando en la superficie en forma de manchas que vuelven aunque pintes encima una y otra vez.
Por qué el muro no puede frenar el vapor solo
El movimiento del vapor a través del muro es un proceso físico que no se puede parar sin diseñar el cerramiento para ello. Depende de tres factores:
- Diferencia de humedad. El interior de una vivienda en invierno tiene mucha más humedad relativa que el exterior frío. Esa diferencia crea un gradiente que empuja el vapor hacia fuera.
- Temperatura interior del muro. Cuanto más frío esté el muro por dentro (puente térmico, poco aislamiento), antes llega el vapor al punto de rocío y condensa.
- Permeabilidad de los materiales. Los materiales porosos (ladrillo, yeso, lana mineral sin proteger) dejan pasar el vapor casi sin resistencia.
Un muro sin barrera de vapor es como una tubería sin válvula: el vapor entra y condensa donde la temperatura lo permite, que es siempre dentro del aislamiento, en la zona de mayor gradiente térmico.
La solución: resistencia al vapor decreciente de dentro hacia fuera
El principio de diseño es sencillo: el cerramiento tiene que ser cada vez más permeable al vapor de dentro hacia fuera, nunca al revés. Si el lado exterior es más estanco que el interior, el vapor que entra no puede salir y se acumula. Las tres capas son:
1. Cámara de aire ventilada (cara fría, pegada al ladrillo exterior). Un canal de aire abierto al exterior que evacua el vapor que logra difundir hacia fuera. La cámara debe estar ventilada de verdad, con aberturas en la parte superior e inferior para que el aire circule. No es un espacio cerrado: es un extractor pasivo de humedad.
2. Aislamiento continuo sin puentes térmicos. Sin huecos ni interrupciones, el aislante mantiene el muro interior en una temperatura más alta, lo que retrasa o elimina el punto de condensación. Si hay puentes térmicos, la zona fría aparece antes.
3. Barrera de vapor en la cara caliente del aislamiento — en invierno, el lado de la habitación. Esta es la capa que casi nunca se pone. Una lámina delgada con alta resistencia al paso del vapor que frena el vapor antes de que entre en el muro. Si el vapor no entra, no puede condensar.
La regla general: la barrera va siempre por el lado caliente del aislamiento. En climas fríos de invierno, la cara interior. En climas cálidos con aire acondicionado, la cara exterior (el flujo de vapor se invierte).
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Errores típicos en obra
Los tres errores que dejan el muro sin protección frente a la condensación:
- No colocar barrera de vapor. El más común. El muro queda "libre" para que el vapor entre y condense sin ningún freno. En obra nueva se omite porque no es visible y nadie la reclama hasta que aparecen las manchas.
- Colocar la barrera por el lado equivocado. En clima frío, si la barrera va al exterior del aislamiento en lugar del interior, el vapor ya está dentro cuando lo frena: resultado, condensación atrapada.
- Puentes térmicos en el aislamiento. Juntas sin solapar, huecos alrededor de instalaciones o encuentros con pilares sin aislamiento continuo crean puntos fríos donde el vapor condensa localmente, aunque el resto del muro esté bien resuelto.
El coste de una barrera de vapor bien instalada en obra nueva es de 1-3 €/m². La reparación de un cerramiento con aislamiento saturado de humedad y moho — picar, sanear, aislar de nuevo y revestir — ronda los 80-150 €/m², sin contar el problema de salud pública que supone el moho en un dormitorio.
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